Cuando ya no somos capaces de cambiar una situación, nos encontramos ante el reto de cambiarnos a nosotros mismos

El estado de alarma y confinamiento que estamos viviendo, genera todo tipo de emociones, sin embargo, hay una que está tomando un gran protagonismo en nuestras vidas, el miedo. Miedo al contagio, a la muerte, a perder el trabajo… a la incertidumbre.

El miedo es una emoción, y como tal tiene la virtud de informarnos de algo, en este caso de que nos sentimos superados por la situación, que sentimos que la amenaza es demasiado grande para enfrentarla con los recursos de los que disponemos.

El miedo es una emoción. Sería más correcto hablar de emociones agradables o desagradables de sentir, que de emociones positivas o negativas. En cierta manera todas son positivas. Son una reacción natural de nuestro cerebro, que en el caso del miedo alerta el sentido de supervivencia.

En todas las especies hay 3 reacciones universales ante el miedo:

  • Paralización, no hacer nada con la esperanza de que la amenaza pase de largo y no nos afecte, quedarse a esperara a ver qué pasa.
  • Huida, salir corriendo y esconderse de la amenaza, ponerse a salvo.
  • Lucha o ataque, en este caso sí se siente que se cuenta con ciertos recursos para salir airosos, se trata de hacer frente a la situación.

LA UNION. RESPUESTA GLOBAL NECESARIA.

En Creatalent, pensamos que en estas circunstancias hay una cuarta opción, la unión.

Este virus nos ha demostrado que no somos invencibles, pero también que somos capaces de unirnos para hacerle frente, y que así somos más fuertes.

El COVID-19 ha puesto nuestra sociedad en jaque, nos ha recordado lo vulnerables que podemos llegar a ser, nos ha quitado de un plumazo esa sensación de “inmortalidad” con la que vivimos, y al mismo tiempo, nos ha enseñado que si es necesario, somos capaces de unirnos con un frente común.

Ante la situación de confinamiento, además de una enorme número de profesionales en distintas actividades que han seguido en primera línea trabajando, la mayoría de personas han mostrado una gran solidaridad, empatía y generosidad al quedarse en sus casas para proteger a otras personas más vulnerables y de mayor riesgo ante la enfermedad. Gracias, por pensar en el bien común por encima del individual. Gracias a todas las personas que están salvando vidas por respetar las normas.

Otras personas aportan su granito de arena desde el humor, nos llegan infinitos vídeos de gente con muchísimas ocurrencias que nos arrancan una sonrisa, gracias, la risa siempre fue una gran herramienta para la gestión emocional y la resiliencia.

También hay personas, empresas y organizaciones que han contribuido de manera solidaria a ayudar esencialmente al sistema sanitario de alguna manera, gracias.

La pregunta ahora es… ¿Qué estamos aprendiendo de todo esto? ¿Seremos capaces de mantener este espíritu de unión una vez neutralicemos el COVID-19 para recuperar cuanto antes la “normalidad”?

Probablemente tras esta “situación excepcional” no seremos los mismos, pero podemos decidir lo que queremos ser a futuro, tenemos muchas páginas en blanco por escribir, está en nuestras manos elegir cómo continuar hacia delante.

El trabajo en equipo y la cooperación siempre han sido un reto en las empresas (y posiblemente en la sociedad) y ahora se han convertido en EL RETO. Para que la crisis que el COVID 19 ha generado pase lo antes posible y no nos hunda, lo más inteligente será unir fuerzas, necesitaremos grandes dosis de confianza y compromiso sí, pero si algo hemos aprendido en el confinamiento es que somos capaces de eso y mucho más.

Esta situación debería ser una oportunidad de cambio, de ser mejores, más solidarios. Si nos va bien a todos, nos irá bien a cada uno de nosotros.

¿Creamos juntos un mundo mejor para las futuras generaciones?

 

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